MADRID

Quién mucho abarca poco aprieta y sí, he de reconocerlo, me pasa constantemente.

Cada vez que viajo a Madrid me emociono por la innumerable cantidad de cosas que puedo hacer, lugares que recorrer y exposiciones que visitar; me preparo una grandísima lista y visualizo el tour que es mejor llevar para llegar a todo, pero a veces soy demasiado ambiciosa y evidentemente, no lo consigo. Y no sólo eso, sino que además me propongo hacer miles de fotos, de crear bonitas y suculentas Postales en Blanco y no contenta con ello, me voy con tres cámaras, así a lo loco, para añadirle más leña al reto, por si ya era poco.

Total que llego yo toda ilusa de mí y sí, voy a mil sitios, a una media de 14km diarios andando por las calles de Madrid, porque encima si puedo evito el metro y aunque ciertamente tiene su propio encanto, me gusta perderme por las calles y descubrir qué me deparan éstas.

Mientras mi hermana se va a trabajar yo cojo mi mochila con mi avituallamiento y un par de cámaras (dejaré una en casa, ya la usaré mañana) y salgo con mi sonrisa puesta saludando con la mirada a todo peatón con el que me cruzo. Luego claro, normal que me pregunta todo el mundo que dónde está esta calle o ésta otra.

Me pierdo por una calle y me encuentro de nuevo. Me vuelvo a perder, saco el Google Maps del bolsillo y me reencuentro otra vez. Exposición por aquí, exposición por allá. Referentes, ideas, ambientes, todo está en el aire y yo le digo a mi cerebro: absorbe, absorbe, absorbe todo lo que puedas y más. Y no es que en Zaragoza no haya ni se hagan cosas, pero cuando voy a Madrid me invade el espíritu obsesivo de "todo en un día".

Resumiendo, que acabo agotada físicamente y saturada mentalmente. Pero todo se cura con un poco de reposo, una cañita bien tirada y un buen musical.